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Rutas literarias en Madrid al aire libre

Este año, los adeptos a la lectura nos hemos visto privados de nuestra adorada Feria del Libro. Tradicionalmente planeada para primavera y este año pospuesta hasta el mes de octubre, las condiciones actuales han impedido celebrarla para desgracia del sector editorial y de los lectores.

No obstante, eso no nos impide evocar algunas de nuestras historias favoritas y recordar a los grandes autores de nuestra literatura al aire libre y con mascarillas de por medio. Por eso os sugerimos varias rutas literarias que podéis realizar por Madrid con familiares y amigos:

Tras los pasos de Lorca

Federico García Lorca nació en los últimos años del siglo XIX en su queridísima Granada, la misma tierra en la que sería fusilado en el año 36. Pese a la brevedad de su vida, nos dejó un legado de valor incalculable y recorrió gran parte de la geografía nacional de la mano de la compañía teatral La Barraca.  En su juventud, vivió en la Residencia de Estudiantes junto a tantos otros compañeros de la Generación del 27, y es precisamente ahí donde ponemos el punto de partida a este recorrido por Madrid. Más tarde se trasladó al número 96 de la Calle Alcalá, donde una placa nos lo recuerda, y puesto que hablamos de uno de los grandes dramaturgos de su época nuestros pasos deberían conducirnos al Teatro Eslava y al Teatro Español, frente al cual se alza una estatua del artista. Al atardecer os animamos a tomar un cortado en el Café Gijón, escenario de encuentro y de las tertulias literarias de aquella generación de poetas y pintores.

Escultura de Lorca en la Plaza de Santa Ana

La forja de un rebelde

Esta genial trilogía de Arturo Barea nos transporta desde los primeros párrafos al Madrid de su infancia y reconstruye los años de la Guerra Civil y la férrea resistencia de la ciudad. Su presencia late más fuerte en el barrio de Lavapiés, donde encontramos la plaza que recibe su nombre, y a propósito del cual decía: “Si resuena Lavapiés en mí, como fondo sobre todas las resonancias de mi vida, es por dos razones: allí aprendí todo lo que sé, lo bueno y lo malo”. En las Escuelas Pías, inconfundibles para cualquier madrileño, se educó hasta los trece años. En sus páginas vislumbramos los lavaderos del río Manzanares junto al puente del Rey, las luces de la calle Arenal al anochecer, los puestos de libros en Callao y el emblemático café Español frente al Teatro Real.

Plaza de Arturo Barea en Lavapiés

Madrid Bohemio: Valle-Inclán

El maestro del esperpento Ramón María del Valle-Inclán alumbró en la década de 1920 la genial obra de teatro Luces de Bohemia. Durante un sólo día nos día nos transformaremos en su protagonista Max Estrella para pasear frente el Pretil de los Consejos, en el Madrid de los Austrias, y sentarnos en la chocolatería San Ginés. El punto clave de este recorrido es el Callejón del Gato, cuyos negocios aun exhiben fachadas decimonónicas dignas de admirar y donde transcurría la escena principal de Luces de Bohemia. Los espejos que llenan las paredes y que deforman el reflejo de los transeúntes fueron decisivas en la obra de Valle-Inclán, que decía por boca de su protagonista: “Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato. Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento”.

Calle de Álvarez Gato o Callejón del Gato

El año de Galdós

2020 ha sido bautizado como “año galdosiano” en el centésimo aniversario de la muerte de Benito Pérez Galdós. Desde el Ayuntamiento de Madrid se ha diseñado una serie de iniciativas para rendir homenaje a este escritor de origen canario. Mediante la aplicación MiraMadrid, es posible seguir los pasos del novelista por nuestra ciudad, quien llegó a Madrid en 1862 para estudiar Derecho en la Universidad Central (calle San Bernardo) mientras se alojaba en una pensión de Atocha. Muy cerca de la Puerta del Sol se erige la Fontana de Oro, un tradicional café madrileño que posteriormente dio nombre a la novela de Galdós. Desde ahí podemos encaminarnos a Sobrinos de Pérez, la tienda de Fortunata y Jacinta —que conserva el aspecto de la época—, y al Café Comercial, todo un icono de la época.